Erase una vez un bosque de dos plantas, jardín delantero y patio trasero; cochera al frente sobre la acera.
Habitaba en el la duda que no pretendía ser resuelta, lugar ingrávido, hetereo. Con la asepsia suficiente para que todas las especies en el coexistan en orden.
En el vivía una mujer. Ella posee el inventario completo de sus haberes. Tiene el diagrama de las distancias que todo debe tener.
Su trabajo es arduo, cada rama que florece en la primavera ella la propuso, asi como todos los copos de nieve que enero se precipitan se ajustan al paisaje que dibujo.
Como suele pasar… Como debería de ser. Un personaje ajeno al escenario se presenta. Es un lobo!
El lobo se asoma… pasea por los linderos del bosque; entra en el sin mucho madurar las consecuencias de sus actos.
Moja sus patas en el rio que cruza la extensión…. olfatea las raíces de los sauces, se adentra cada vez mas entre las ramas, no hay caminos trazados, solo follaje…
La mujer se encuentra con el lobo. Se observan; sin mucho tiento el lobo lame su mano, ella lo permite, aún con recelo la mujer lo deja caminar a su alrededor. La tarde cae, el sol se oculta, no quiere ser testigo de lo que ahí ocurrirá.
Prenden fuego por la noche y danzan.
Comparten el bosque por periodos cortos, ambos tienen tareas que les demandan tiempo y se ocupan de ellas. La mujer dedica sus afanes a darle continuidad a el orden de su cosmos. El lobo a cazar y no dejarse cazar.
Cada vez que el lobo camina por el bosque la mujer lo acompaña. Ambos se dejan ver entre las ramas, se adivina su presencia entre los pastos. Ella quiere saber mas sobre el animal. El animal la deja adentrarse en los bosques de su ser.
Ella advierte que es un animal salvaje. El lobo nunca le muestra los colmillos, tampoco le gruñe, no es descortés con ella, pero de todas formas la mujer no aleja de si la conciencia de que no deja de ser un lobo. Ella le confiesa interés, el le confiesa lo que es.
Ella trata de entender los motivos de el lobo. El lobo la deja indagar. Ella se inquieta de lo que escucha, pero lo anima a continuar. El lobo esta confeso, le dice mas de lo que su instinto le aconsejaba callar. Ella danza mientras el habla. Ambos se encuentran en el mismo espacio. El animal esta desnudo, y ella envuelta en gasas.
El lobo le muestra sus heridas… Ella lo observa. La realidad no es fácil de controlar.
Ella se asusta al ver las cicatrices y huye… Huye mas no escapa. Su carrera no es trompicada, es una marcha a paso constante, pero sin vuelta atrás según sus convicciones.
El se resiste a perseguirla.
El bosque le pertenece a la mujer, el no tiene dominio sobre lo que le rodea.
Ella corre alrededor de si misma, se cubre con la hojarasca mientras se tiende debajo de las ramas. Esta entre el suelo y las estrellas, aunque sus ojos apuntan a el cielo no logra verlas, no quiere verlas. Le aterra la idea de lo que es evidente. En el estricto orden que guarda su bosque no hay lugar para nada mas que el trinar de los pájaros en las mañanas y el sonido de los grillos por las noches.
No tiene disposición para el reacomodo, no quiere que el lobo entre en sus sueños, no le permitirá que vea a la niña de 8 años que esta sola; su imagen es fuerte, no puede modificarse, tardo años esa corteza en madurar, le teme a mostrarse, le teme a muchas cosas....
Ella lo expulsa del bosque, no puede dejarlo vagar por el lugar. Puede ser que de tanto en tanto la vea desnuda.
El lobo toma sus historias y a paso lento recorre el camino de vuelta a el final del bosque.
El lobo muere poco tiempo después. Se convierte en algo diferente. Se transforma en humano, pero tiene las mismas heridas, el mismo pasado, las mismas garras lisas. Ella aún vive entre la hojarasca. El hombre esta en los linderos en espera de que ella salga.
Moraleja:
El lobo es…
La mujer es…
El bosque será mientras ella decida que asi sea.
Habitaba en el la duda que no pretendía ser resuelta, lugar ingrávido, hetereo. Con la asepsia suficiente para que todas las especies en el coexistan en orden.
En el vivía una mujer. Ella posee el inventario completo de sus haberes. Tiene el diagrama de las distancias que todo debe tener.
Su trabajo es arduo, cada rama que florece en la primavera ella la propuso, asi como todos los copos de nieve que enero se precipitan se ajustan al paisaje que dibujo.
Como suele pasar… Como debería de ser. Un personaje ajeno al escenario se presenta. Es un lobo!
El lobo se asoma… pasea por los linderos del bosque; entra en el sin mucho madurar las consecuencias de sus actos.
Moja sus patas en el rio que cruza la extensión…. olfatea las raíces de los sauces, se adentra cada vez mas entre las ramas, no hay caminos trazados, solo follaje…
La mujer se encuentra con el lobo. Se observan; sin mucho tiento el lobo lame su mano, ella lo permite, aún con recelo la mujer lo deja caminar a su alrededor. La tarde cae, el sol se oculta, no quiere ser testigo de lo que ahí ocurrirá.
Prenden fuego por la noche y danzan.
Comparten el bosque por periodos cortos, ambos tienen tareas que les demandan tiempo y se ocupan de ellas. La mujer dedica sus afanes a darle continuidad a el orden de su cosmos. El lobo a cazar y no dejarse cazar.
Cada vez que el lobo camina por el bosque la mujer lo acompaña. Ambos se dejan ver entre las ramas, se adivina su presencia entre los pastos. Ella quiere saber mas sobre el animal. El animal la deja adentrarse en los bosques de su ser.
Ella advierte que es un animal salvaje. El lobo nunca le muestra los colmillos, tampoco le gruñe, no es descortés con ella, pero de todas formas la mujer no aleja de si la conciencia de que no deja de ser un lobo. Ella le confiesa interés, el le confiesa lo que es.
Ella trata de entender los motivos de el lobo. El lobo la deja indagar. Ella se inquieta de lo que escucha, pero lo anima a continuar. El lobo esta confeso, le dice mas de lo que su instinto le aconsejaba callar. Ella danza mientras el habla. Ambos se encuentran en el mismo espacio. El animal esta desnudo, y ella envuelta en gasas.
El lobo le muestra sus heridas… Ella lo observa. La realidad no es fácil de controlar.
Ella se asusta al ver las cicatrices y huye… Huye mas no escapa. Su carrera no es trompicada, es una marcha a paso constante, pero sin vuelta atrás según sus convicciones.
El se resiste a perseguirla.
El bosque le pertenece a la mujer, el no tiene dominio sobre lo que le rodea.
Ella corre alrededor de si misma, se cubre con la hojarasca mientras se tiende debajo de las ramas. Esta entre el suelo y las estrellas, aunque sus ojos apuntan a el cielo no logra verlas, no quiere verlas. Le aterra la idea de lo que es evidente. En el estricto orden que guarda su bosque no hay lugar para nada mas que el trinar de los pájaros en las mañanas y el sonido de los grillos por las noches.
No tiene disposición para el reacomodo, no quiere que el lobo entre en sus sueños, no le permitirá que vea a la niña de 8 años que esta sola; su imagen es fuerte, no puede modificarse, tardo años esa corteza en madurar, le teme a mostrarse, le teme a muchas cosas....
Ella lo expulsa del bosque, no puede dejarlo vagar por el lugar. Puede ser que de tanto en tanto la vea desnuda.
El lobo toma sus historias y a paso lento recorre el camino de vuelta a el final del bosque.
El lobo muere poco tiempo después. Se convierte en algo diferente. Se transforma en humano, pero tiene las mismas heridas, el mismo pasado, las mismas garras lisas. Ella aún vive entre la hojarasca. El hombre esta en los linderos en espera de que ella salga.
Moraleja:
El lobo es…
La mujer es…
El bosque será mientras ella decida que asi sea.


