jueves, 2 de diciembre de 2010

ODA AL GATO

Los animales fueron imperfectos,
largos de cola, tristes de cabeza.
Poco a poco se fueron componiendo,
haciéndose paisaje, adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato, sólo el gato apareció completo y orgulloso,
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato quiere ser sólo gato,
y todo gato es gato desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.

No hay unidad como él,
no tienen la luna ni la flor,
tal contextura es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno firme y sutil es como la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos dejaron una sola ranura para echar las monedas de la noche.

Oh pequeño emperador sin orbe, conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón nupcial,
sultán del cielo de las tejas eróticas,
el viento del amor en la intemperie, reclamas cuando pasas y posas cuatro pies delicados en el suelo oliendo, desconfiando de todo lo terrestre,
porque todo es inmundo para el inmaculado pie del gato.

Oh fiera independiente de la casa, arrogante vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico y ajeno, 
profundísimo gato,
policía secreta de las habitaciones, insignia de un desaparecido terciopelo,
seguramente no hay enigma en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe
y perteneces al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños, propietarios, tíos de gatos, compañeros, colegas discípulos o amigos de su gato.

Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé,
la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote...
Pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia sus ojos tienen números de oro.

PABLO NERUDA.
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sábado, 27 de noviembre de 2010

Tiempo...

La concentración ya quedó asfixiada... Hoy me veo vejado, mal reparado.
Me siento un  tanto hermoso, disfuncional, psicológicamente apartado, aquí no pertenezco...

Un segundo más será la eternidad.
Estoy atrapado dentro de mi propia mente, no lo soporto, quiero desertar.
No respiro, soy estado comatoso, se me perdió la calma, huyó de mi para darse un balazo y no seguir sufriendo.

Es la desesperación martillando en mi seguridad.
Son las mil y una ilusiones violadas por la providencia.
Es una vida sin fundamentos y sin ayuda. Y yo no necesito ayuda, necesito estar muerto.
Soy completamente libre y a la vez esclavo.

Un silencio tan helado soy, lleno de tantas adicciones, saturado de tanto resentimiento que duele, medicando suicidio, temblando en mi interior, los secretos que por los demás soporto
...

En el aire vive lo más tenebroso...

Ya basta! Quema el frío del atardecer Cállense! Mi paz mental no los necesita Soledad! Aislado nadie osa herirme! Acompañado? Acompañado por el daño

Es toda aquella ira, las ideas de venganza consumiendome.
Se siente como un sueño hermoso donde no puedo moverme.
Todos mis demonios descontrolados, fingiendo socorrerme.
Es sentirse tan apartado, atrapado por el magma de mi mente...

Hoy comprendo mi apariencia malgastada.

En si misma suena la incertidumbre en mi pecho, el miedo lo siento en la puenta de los dedos, el caos avasallando todo mi confort.
Vidrios rotos en el suelo, por donde camino.
Son las razones sin argumentos, es vivir de la compasión.
Sentir como se pudre todo lo bueno en ti, que no volverás, inventarte sonrisas si te lo permite la desesperación.
Sentirte en el fondo del hoyo, sentir como te hundes poco a poco...
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jueves, 25 de noviembre de 2010

La Diva


Ella me lleva al pais de los pecados y me regala sus besos extasiados, se convierte en mi templo de pasión, desgarra mi piel con sus labios benditos, con el agua de su manantial prohibido...
Fundo mis manos por sus laberintos ocultos, me acerco solamente cuando busca amores intensos, cuando quiere descubrir lo exótico, el dolor más allá del paroxismo y cuando los cielos se convierten en deseos eróticos y privilegiados...
Ella es la pasión, la llama que me quema, la que provoca, la que a mordidas desgasta mis labios, aquella mujer que loca me mata y la cual contemplo a mi antojo, rincón a rincón con una geografía perfecta, su cuerpo se entrega entero y virgen como el edén antes del toque humano...
Una diva esta mujer, la fruta prohibida... Aquella con su piel tan suave e inocente, un misterio tan hermoso toda ella, que cautiva a cualquiera con miradas que desvisten y arrancan pasiones, toda una exploradora dejando aromas, huellas que jamás serán encontradas...
Porque así es ella, una amante apasionada que arde, una llama toda ella, dejando que su figura marque fuego en mis entrañas, haciendome suyo y solamente dejando mis cenizas relucientes...
Ella se roba mi alma y solo me deja locos deseos de saborearla nuevamente.. Para cuando me recupero, en ese entonces, ella se habrá ido dejándome el sabor, dulce y maldito, haciéndome ver lo que ella me puede ofrecer, si es que algún día la podré obtener...
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sábado, 7 de agosto de 2010

Zamira y los lobos


Zamira ama los lobos.
Yo quisiera ir con ella a buscarlos
a las tierras más altas,
donde los robledales rojos de Sotillo
han perdido sus hojas en las fuentes,
allá donde los caballos
beben el agua helada de las cascadas
y se espera la nieve
como una bendición.

Tú y yo estamos en este hospital
esperando a la muerte.
No la muerte tuya ni la muerte mía,
sino la de aquellos que nos dieron la vida.
Y éstos, ¿a quienes pasarán,
cuando mueran, sus muertes?
Tú y yo esperando el final,
El vacío del límite,
mientras la vida brilla y tiembla entre nosotros
como un cuchillo inocente.
Y es que, esperando la muerte de los otros,
esperamos, un poco, la muerte nuestra.

Quizá, por ello, Zamira ama los lobos.
Quizá, por ello, yo deseo también
salir a buscarlos con ella este mes de diciembre
a los páramos altos,
a los prados remotos.
Y podríamos ver los espinos,
y las brasas de sangre del sol
en mimbrales morados.
Puesta ya en nuestros ojos
la venda de la nieve,
que no pensemos más, que ya no nos deslumbre
el acre resplandor de los quirófanos.

Zamira ama los lobos,
quiere escapar del laberinto de piedra y cristal
del dolor.
Zamira: partamos y no regresemos.
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viernes, 23 de abril de 2010

EGOISMO

En silencio... he sufrido tantas penas
por ser mi alma tan buena y no poderla controlar,
que pesar... si nunca he dado motivos
no conozco el egoismo y ha nadie le hago mal.

Si esa es la vida...
la que nos marca el camino que debemos recorrer
para mal o para bien
a mi tocó esta ruta y que le vamos hacer
si hay que perder
aun no estoy resignado
dejenme seguir luchando que mi deseo es vencer.

Soy sincero... aunque tengo mil defectos
no soy el hombre perfecto
yo tan solo soy normal
que será... que hasta me han sorprendido
por ser humilde y sencillo me han querido maltratar.

Si esa es la vida...
la que nos marca el camino que debemos recorrer
para mal o para bien...
a mi tocó esta ruta y que le vamos hacer
si hay que perder... aun no estoy resignado
dejenme seguir luchando que mi deseo es vencer!

domingo, 24 de enero de 2010

Azathoth: H.P. Lovecraft



El demonio me arrastró por el vacío sin sentido. Más allá de los brillantes enjambres del espacio dimensional, hasta que no se extendió ante mí ni tiempo ni materia sino sólo el Caos, sin forma ni lugar. Allí el inmenso Señor de Todo murmuraba en la oscuridad cosas que había soñado pero que no podía entender, mientras a su lado murciélagos informes se agitaban y revoloteaban en vórtices idiotas atravesados por haces de luz. Bailaban locamente al tenue compás gimiente de una flauta cascada que sostenía una zarpa monstruosa, de donde brotaban las ondas sin objeto que al mezclarse al azar dictan a cada frágil cosmos su ley eterna. -Yo soy Su mensajero-, dijo el demonio, mientras golpeaba con desprecio la cabeza de su Amo. 


Howard Phillip Lovecraft (1890-1937)