sábado, 29 de octubre de 2011

Dibujado en una servilleta.

Muchos veces pensé que escribir era una buena forma de liberar los demonios internos. Lo malo es que cuando se trata de hablar contigo mismo, no sabes ni como abordarte.

Por fortuna este no es el caso.

Solo escribiré aquella conversación que debí haber tenido con ella, esa que ella me negó. Esa para la cual no hubo tiempo, ni espacio. Esa que de haberse llevado a cabo tal vez, sólo tal vez...

Bueno sin más preámbulos acá está, sólo imagínense que estamos los dos sentados tomando un café.

EL: - Bueno ¿Y como estás?
ELLA:  - Bien, bien. Ahí con las dificultades normales de la vida, 
EL: - Nunca faltan.
ELLA: - Exacto. Nunca faltan. ¿Qué más de tu vida? Ha pasado el tiempo.
EL: - Si demasiado tiempo. Esperaba hablar contigo hace mucho.
ELLA: - Lo sé. Me negué al principio porque insististe demasiado. Sentí que me presionabas.
EL: - Exageras. Eras mi amiga y me gusta interactuar con las personas que aprecio.  Pero en fin.
ELLA: - ¿Y que querías decirme? 
EL: -  Ya debes saber que hace mucho estoy enamorado de ti   
ELLA: - (Silencio).
EL: - Tenía que decírtelo.
ELLA: - ¡Ay! No sé que esperas que te responda. Sabes que tengo a alguien, es más ya tenía a alguien cuando te conocí.
EL: - No espero nada. Sé que no me amas y no espero respuesta. Esto no es una pregunta ni una propuesta. Es algo que tenía que decirte personalmente. ¿Lo comprendes ahora? Necesitaba liberar mi alma. Y necesitaba que me regresaras mi corazón.
ELLA: - ¿Pero entonces que pretendes que haga? Nadie puede obligar a nadie a sentir.
EL: - Con escucharme fue suficiente. No quiero causar daño en tu vida ni interponerme en tu felicidad. Parezco un poco egoísta, pero era necesario.
ELLA: - ¿Y solo eso necesitabas para estar mejor? ¿Que te escuchará? 
EL: - Si. solo eso. Perdóname si parecí intenso.
ELLA: - No. Perdóname tu. De alguna manera lo sabia y tenia miedo de tu reacción ante mi rechazo. Te desconocí completamente.
EL: - La comunicación fue deficiente y malentendiste todo. Me molestó que me trataras como a un desconocido.
ELLA: - Si lo sé. Y ahora ¿como te sientes?
EL: - Necesito un favor.
ELLA: - ¡Dímelo!
EL: - (Coge una servilleta se la entrega junto con un lápiz). Dibuja mi corazón acá y entrégamelo ¿quieres?
ELLA: - (Ella lo hace, se levanta y lo abraza). Debo irme...
EL: - Gracias. Me quitaste una gran carga. Guardaré este papel para siempre.
ELLA: - (Lo besa y se despide) Adiós. Espero verte de nuevo en otras circunstancias,
EL: - Lo mejor será apartarnos un tiempo, tal y cual lo hemos estado haciendo. Desearía que las cosas   hubieran sido distintas, pero no lo son.
ELLA: Si así quieres... Lo entiendo. 
EL: - Adiós ¡Cuídate mucho!.
ELLA: - ¡Tu también!

Que sencillo pareció esa despedida. Tal vez hablar con la imagen que tenía de ella fue mucho más fácil que la que demostró últimamente. Tal vez fui un idiota al no insistir más.

Tal vez ella nunca existió.

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