jueves, 12 de abril de 2012

Letras agónicas


Yace la tinta derramada en la mesa. Las plumas esparcidas. El tintero volcado, de su quijada de vidrio fracturada se escapa el líquido negro que les da vida. Con ese última gota casi coagulada y con ayuda de mis dedos resecos plasmo mi firma en el papel.

Mis letras. El polvo y el tiempo se encargan de enterrarlas. Sus acentos ahora son mudos. Esos garabatos sin sentido, sin figura literaria, con las tildes rotas, sin cuerpo, suplican ser descifradas.

Fueron arrolladas por su indiferencia, silenciadas por el aplastante eco de el silencio que las rodea.

Ahí, moribundas quedaron las palabras, esperando que las lea. Asfixiándose esperando que le dedique algunos suspiros. En un estado de coma o de puntos suspensivos tal vez...

Un solo choque eléctrico de su mente podría revivirlas. Esa manifestación neuronal solo se producirá si su acertijo simbólico se impregna en su retina. Si su cerebro lo asimila y se transforma 
en murmullos, en lectura mental.

Si le diera una mirada perdida. Pero al parecer está cegada por una imagen idealizada. 
Una imagen que a la cual le dedica su existencia plena, pero que nunca le responde nada. Una imagen que no puedo tachar con palabras.

Adiós mis letras. Espero revivan en dedos de alguien más. Sé que ustedes tienen dueña pero parece mi mano no fue merecedora de escribirlas. Y deseo encuentren su destino y lleguen al corazón de aquella.

Por ahora incineraré el papel donde quedan sus restos. Cremaré su esencia hasta hacerlas ceniza. De la cual sacaré el último tizne para escribir un anagrama de su nombre, en el rincón más profundo e inalcanzable de mi ser...

...donde solo alguna ciega atrevida se atreva a descubrirlas talladas en mi alma.

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