Llevo como una hora pensando que decirte. Escribiendo y borrando. Imaginando que es de tu vida. Suponiendo que todo va bien. Convencido de que si no me buscas o al menos me escribes es porque ya no soy necesario en ella. ¿Me malacostumbré a eso sabes?
Como una vez dijiste, soy ese, el amigo que solo buscas cuando estás mal.
No sé que decirte. Lo única razón que me motivaría a escribirte es para expresar lo mucho que te amo y que a pesar del dolor que me has causado, inconsciente e involuntariamente, no ha mermado ese sentimiento. Puede que te guarde algo de rencor, pero eso lo soluciona el tiempo y la escritura.
Ojalá el amor también se fuera.
Me encantaría ser tu mejor amigo. Lo odiaría también porque significaría que mi amor no fue verdadero.
Existe una guerra incesante en mi interior sobre lo que debo hacer y lo que no. Tal vez lo notaste. Por eso pensarás que es mejor dejarme solo. Yo también lo pienso a veces.
El problema es que te extraño por montones. Y tengo miedo de haber perdido tu cariño.
¿Pero quién soy yo para decirte lo que debes sentir?
¿Quién soy para venir a perturbar tu paz con mis divagaciones insulsas?
¿Quién soy para inmiscuirme en tu felicidad?
Como ves tengo mucho que decir pero ya no diré nada.
Ahora duraré otra hora pensando si enviarte o no este mensaje. Probablemente no, porque adoro demasiado tu ser como transmitirle mis conflictos.
Una vez leí que cuando la amistad y el amor se encuentran alguno de los dos debe fingir.
Espero no haya ocurrido y si vuelve a pasar, espero ninguno se percate de ello.